EL TELO DE PAPÁ (2013), de Florencia Werchowsky y VIEDMA (2015), de Gonzalo Álvarez Guerrero

La Patagonia cercana en dos novelas simétricas

Florencia Werchowsky - El telo de papá - Reservoir Books - 2013
Florencia Werchowsky – El telo de papá – Reservoir Books – 2013

No era nuestra intención leer dos libros a la vez, nunca lo fue. Comprimir todo lo que tenemos para decir de un libro en tan sólo 4 párrafos es difícil, pero que esos 4 párrafos alcancen para hablar de dos libros es sencillamente imposible. Bueno, acá está, tomamos el desafío, y vamos a hablar del recientemente publicado Viedma, de Gonzalo Álvarez Guerrero, y del no tan recientemente publicado (2013) El telo de papá, de Florencia Werchowsky, con una única hipótesis a defender: son el mismo libro.

Esto no es una crítica, que no se entienda mal. Es decir, es una «crítica literaria», sí, pero eso no implica que se trate de algo negativo, con el valor que se le da por fuera de la literatura a la palabra «crítica». Todo nace de la observación de una serie de rasgos comunes. El primero es obvio: la editorial es la misma (Reservoir Books, el «ala autobiográfica» o «sin clasificar» de RHM). Por su parte, los autores parecen haber llevado vidas análogas: con una diferencia de edad de unos 10 años, hicieron una carrera similar, comenzando por el periodismo y finalizando en la publicidad o «producción de contenidos», y ambos llegan a la literatura con estas novelas; además, los dos son de la Patagonia, se trasladan dentro de la Patagonia y llegan a un lugar nuevo, también en la Patagonia, con sus padres cumpliendo roles clave: gobernador y empresario que lleva el telo a la ciudad, respectivamente. Ambos se irán a estudiar a Capital y triunfarán en ella, distanciándose de los pueblos de origen, todo un mundo en sí mismos. Y esta serie de coincidencias paratextuales se potencian en el texto, puesto que en los dos libros se narran estas experiencias autobiográficas similares en modos muy parecidos.

Viedma y El telo de papá son dos ficciones bien escritas, compuestos casi enteramente de capítulos cortos que narran episodios como si fuesen escenas fílmicas, donde se tratan distintos temas que cumplen una funcionalidad para desarrollar a algún personaje, a cierta característica del protagonista o simplemente poder avanzar en la historia. En las dos novelas la narración es lineal, y se centra sobre todo en la edad escolar, aunque la linealidad del relato principal en Viedma por momentos se ve fragmentada por un ida y vuelta con el personaje principal («Gonzalo», quien sorprendentemente en la literatura argentina contemporánea, no es el narrador, aunque a veces pareciera serlo) en una edad más madura, reflexionando sobre lo que fue ese período de su vida en el que su padre fue gobernador de Río Negro mientras Alfonsín planeaba mudar la capital del país a Viedma. En El telo de papá es más persistente la evocación al pasado (incluso a un pasado en el que la narradora aún no había nacido) que las referencias al tiempo de la escritura, en el que ella abandonó sus sueños de bailarina clásica (y también sus exigencias) y se dedicó al periodismo y otras yerbas.

Gonzalo Álvarez Guerrero - Viedma - Reservoir Books - 2015
Gonzalo Álvarez Guerrero – Viedma – Reservoir Books – 2015

Todo lo que dice Gonzalo Álvarez Guerrero sobre cómo se vivió el proyecto de mudanza de la Capital Federal a Viedma es interesante, revelador, sobre todo porque está contado desde los ojos de quien vivía en la casa donde sucedían la mayoría de los tire y afloje que iban a significar uno de los cambios más importantes del país a muchos niveles. A su vez, todo lo que cuenta Florencia Werchowsky sobre el funcionamiento de un hotel alojamiento en un pueblo (y en cualquier lado, en realidad), también lo es, incluyendo los visitantes frecuentes, el personal que trabajaba allí, los rumores que circulaban, el trato con políticos… Por citar una curiosidad, en uno aparece el Presidente en ejercicio, y en otro, el que lo iba a ser tiempo después (ver «Un pedacito de…» para estas referencias). Sin embargo, el gran desafío es observar si estos periodistas-publicistas-comunicadores son también escritores, es decir, autores de una obra y no de un único libro que narra (con absoluta solvencia y un tono muy amigable y llevadero) apenas una serie de anécdotas interesantes que les tocó vivir. Lo más destacado de Viedma y de El telo de papá recae en la trama, en el morbo de ver con ojos de niño/adolescente el detrás de escena de una gobernación y de un telo. El plus a estas historias son las reconstrucciones de los años 80 y 90 de la Argentina. Más allá de esto, las dos novelas hacen foco en las relaciones interpersonales que mantienen durante este período de sus vidas, por lo que se podrían catalogar como Bildungsroman o «novelas de aprendizaje» que cualquier adolescente podría disfrutar (insisto: son buenas en serio); la pregunta que queda latente es si Werchowsky y Álvarez Guerrero podrán superar el desafío de la página en blanco para sus próximos libros, ya sin nada tan sustancial para contar. En mi discreta opinión, me da la sensación de que ya pusieron toda la carne al asador…

 

Un pedacito de El telo de papá:

 

El 17 de noviembre de 1988 fuimos todos al aeródromo del pueblo a recibir a Carlos Menem, que venía desde La Rioja piloteando su propia avioneta. Ñanco [el padre de la narradora] se jactaba de haber coincidido con él en un centro de detención durante la dictadura, donde los dos habían estado presos por peronistas. La historia había sido escuchada por tantos compañeros en el quincho de casa que la visita en el pueblo se vivía más como una corroboración que como un hecho político. ¿Lo reconocería Menem? ¿Se saludarían? Al menos esa es la sensación que me quedó. Su pre-candidatura se perfilaba unificadora en un momento de fragmentación del partido, como si con esas patillas y esas consonantes pisadas, el movimiento más grande y desprestigiado del país, al que pertenecíamos, tuviese una chance de recuperar el camino y el poder. Sus herramientas de seducción eran novedosas: cuero, pelo, motores. Era un dandy enano.

[…]

La visita iba a ser una demostración de fuerza para los hombres con más alto perfil político en el PJ local, que tendrían la oportunidad de presentarse ante el candidato y posicionarse para las elecciones internas. Para mí también era una demostración de fuerza, necesitaba que una figura nacional le diera la mano en público a mi papá y lo legitimase de una buena vez; había mucha gente que todavía lo acusaba de dueño de telo, de peronista populista, de judío. ¿Por qué era tan malo eso para ellos? Cada vez que le llegaba un comentario de esos, Ñanco decía «Qué lástima que además no soy negro».

(Págs. 137-138)

 

Un pedacito de Viedma:

El Tango 03 aterrizó en una desolada pista de General Conesa, bien lejos, para no despertar sospechas. Primero bajó Tardivo, el leal guardaespaldas. Allí los esperaba un Ford Falcon blindado, de vidrios polarizados, que había llegado de Buenos Aires tres horas antes. Hidalgo, el chofer, le abrió la puerta al Presidente y recorrió a velocidad prudencial los 160 kilómetros que los separaban de Viedma. No hizo falta preguntar: había estudiado los planos de la ciudad pormenorizadamente para dejar a su jefe en la Residencia del gobernador sin mayores contratiempos.

Carmen y Guerrero lo recibieron en la puerta. Abrazos, besos. Alfonsín tenía eso: te hacía sentir a gusto casi de inmediato, a los diez minutos te olvidabas que estabas con un presidente. Tardivo no se separó nunca de él. Hidalgo, en cambio, no aceptó la invitación para quedarse a cenar. Se disculpó: tengo que ir a registrarme al hotel.

—Yo duermo acá esta noche —sorprendió el Presidente.

(Pág. 141)