LA PÉRDIDA DEL SENTIDO LITERAL DE «LITERALMENTE»

Este texto está escrito desde la nostalgia. Es inevitable que la lengua cambie, se modifique (ya nos lo enseñaron Saussure y muchos otros lingüistas). Hay formas nuevas, palabras que se dejaron de usar, palabras jóvenes que ya son parte del diccionario (y muchísimas que todavía no, pero no por ello dejan de ser parte de la lengua) y palabras que cambian su significado. Este último es el caso de “literalmente”.

Con un sentido tan evidente y nacido en clara oposición a la metáfora, la palabra “literal” es cada vez menos literal. Tres casos tomados al azar nos revelan esta nueva faceta no-literal de “literalmente”:

“Y entonces, literalmente, se me prendió la lamparita” (“Cómo arreglar la PC con la aspiradora”, Ariel Torres, diario La Nación, 20/11/2010)

Suponemos que, justo cuando se le ocurrió la idea, el autor sostenía una lamparita que se encendió ipso facto.

“Es que, con Estudiantes campeón, ya definido el torneo, el encuentro entre equipos santafesinos terminó siendo literalmente de relleno.” (“La última sonrisa fue de Colón”, Erico Vega, diario Clarín, 13/12/2010)

¿”Literalmente de relleno”? ¿Relleno de torta, de empanadas?

“El jefe de Gobierno porteño sabe que le será literalmente imposible aspirar a la candidatura presidencial con un procesamiento firme sobre sus espaldas.” (“«El poder es impunidad»”, Nelson Castro, diario Perfil, 24/07/2010)

Aquí coincidimos con Nelson: a Macri le será literalmente imposible aspirar a una candidatura, puesto que se trata de algo abstracto y no algo aspirable, como el aire, el polen o algún polvo.

Los ejemplos pueden resultar divertidos y no persiguen en modo alguno el desprestigio de sus autores; fueron simplemente tomados al azar, pero de casos reales, en los que se muestra como el uso de la palabra “literalmente” está corriendo su significado, sacándolo de su valor de “literal” por opuesto a “metáfora”, justamente con el objetivo de reforzar esa metáfora, de volverla más real y más tangible.

Es evidente que, como hablantes y escritores, somos “fanáticos” de la metáfora, y también queda claro que ésta es una de nuestras formas favoritas de comunicar y conocer. Tanto, que nos tenemos que valer de su opuesto para reforzar aún más la validez de lo dicho a través de ella. Este cambio se está dando, parece inevitable. Nos encantaría restringirlo, porque, desde la normativa, su uso es incorrecto, ya que se escribe justamente en contextos opuestos a su significado semántico.

Este uso lleva al desmedro de la palabra “literalmente”, a que ya no la necesitemos más. En tiempos donde todo es relativo, parece cada vez menos importante la rigurosidad, y se trata de convencer al otro de que lo que uno dice es verdad, incluso con tanto fervor que se utilizan palabras con significado opuesto.